19 de enero de 2011

Escuchando a las paredes

Debo a mis frecuentes caminatas por el barrio natal la necesidad de escarbar recuerdos. Sin obsesión pero con ansiedad vuelvo a mirar los naranjos sobrevivientes, algunas viejas casas en las cuales ya no recuerdo quienes moraban y otras con nombres y rostros aún frescos en mi memoria.


No quedan baldíos ni los viejos comercios a excepción de unos pocos que echaron raíces debajo de los adoquines y rieles hoy ocultos por el progreso.



Los hornos de la panadería El Condor lindaban la parte trasera de mi casa yPanaderia El Condor cada madrugada me deleitaban con el aroma del pan horneado con leña. Sus enormes y deliciosos "criollitos" y "chipacas" hoy son los preferidos de mi hija que, inconscientemente, deja crecer su amor por aquellas calles. Portón mediante, donde antaño ingresaban los carros con leña y harina, subsiste una auténtica almacén "de antes".


Estanterías de madera se elevan hasta el cielo raso y resguardan botellas empolvaAlmacen Benjamin Gallegodas, de marcas desaparecidas, que quizás nunca lleguen a venderse. Dos mesas de madera con sillas plegables guardan en silencio tantas historias como días han transcurrido desde que fueron nuevas. El plato de bronce de la balanza ha pesado tanta yerba suelta que ha perdido su brillo dorado. El mostrador donde se atiende a los clientes tiene la típica cobertura de "estaño" para proteger la madera, sus incontables marcas y olor impregnado delatan el paso de tanta bebida despachada a noctámbulos, bebedores tempraneros y desahuciados por amor.


Camino hasta la esquina de Tablada y Pedro Zanni reflexionando con nostalgia. Mientras desando antiguas pisadas especulo sobre estas invocaciones e imagino los días pasados como un tiempo que no se repetirá, que no debe repetirse, que es más valioso recordarlos que volver a vivirlos.

1 de enero de 2011

2011

Imagino un armario en el cual cada estante alberga objetos preciados que prometen satisfacciones espirituales.
En el primero están todos los libros que he leído y los que desearía leer.
El siguiente con discos de pasta, de vinilo, cassettes, CDs y DVs que son bálsamo para mis oídos agobiados por el ruido urbano.
Un entrepaño más abajo, originales y reproducciones de pinturas que he deseado fueran de mi autoría.
El cuarto escaño con frascos de las más sabrosas conservas elaboradas con las recetas que nuestros ancestros trajeron a las pampas.
El último con una Noblex 7 Mares, vieja compañera desde la adolescencia, que aún desgrana sonidos locales y allende los mares.
Un pequeño cajón a la izquierda, del lado del corazón, con todos los recuerdos que conservo y cada tanto convierto en palabras.
El cajón de la derecha con todos los sueños que aún me atrevo a cumplir.
He deseado este mueble para el año que comienza y los siguientes, para mi propia satisfacción y la de todas las personas sensibles a los pequeños placeres del alma.

Buen año!