4 de julio de 2008

Aquel lugar era único


A la colorida magia del atardecer se sumaban sutiles rumores que; cuando se les prestaba atención; relataban historias, ni tan antiguas, ni tan olvidadas. Etéreos trovadores se ocultaban detrás de las hojas que se agitaban con cada susurro de sus recuerdos.

A poco que pasaron los días, aquellos fantasmas que despertaban mis sentidos, trocaron en compañeros del viaje diario a la intensidad de la noche. Y ya no estuve solo. Dejé a un costado del camino el temor a la memoria, y me deslicé por los senderos del pasado que los inquietos duendes me proponían con el arrebol.

El tránsito por aquellas veredas era guiado por obcecados espíritus que se negaban al olvido. Con ellos aprendí que no puede explicarse el presente sin conocer el pasado, que el sino de nuestros días tiene la marca a fuego de nuestros mayores, que no podemos renegar de nuestros orígenes.

En un momento caminaba a mi lado un ‘motorman’ que conocía el nombre de cada pasajero de la madrugada laboral. En un recodo encontraba un consejo en copla del ‘cabeza colorada’. Desde un banco de madera me invitaban a refrescarme con Chinchibira. Camino al cine Moderno tropecé con un adoquín. En Plaza Colón un guardapolvo blanco con tablas almidonadas esquivaba mis miradas. Una colación de La Oriental se negaba al contenido de mis bolsillos. Evitaba la noche cerca del calicanto porque:

…Parece, “Pelada”,
que solo anduviste
junto a La Cañada,… Fragmento de “Ancua” (1949) de Azor Grimaut

Entonces; cuando me había reconciliado con el ayer y por razones aún inconfesas; un personaje motivado por la insensibilidad y su falta de identificación con la impronta cordobesa, intentó eliminar con un sello burocrático la característica que nos identifica, a nosotros los cordobeses, y decretó la desaparición de la nostalgia radial.

El funcionario no sabía a quienes ‘mojó la oreja’:
Los gnomos que viven en cada pilar y arcada de los puentes del Suquía masticaron rayos.
Los pozos verdes hirvieron de furia.
Se escucharon lamentos desde el San Jerónimo.
La peatonal se estremeció al sacudirse las baldosas dejando salir el grito del empedrado.
El oso bramó desde la plaza.
El manco Paz clamó venganza desde el Parque Autóctono.
Los hornos Combe liberaron una fumata blanca.
Silvia Robles sintetizó el clamor de aquella Córdoba que intentaron acallar, y enarboló una bandera transparente, cruzada por franjas incoloras, y en el centro: una imagen sin contornos. Icono que solo es visible por aquellos orgullosos de su pasado mediterráneo y comechingón.

El funcionario, en su intento modernizador, no mensuró la voluntad inquebrantable de aquellos memoriosos a los que quiso acallar. La tormenta con la que quiso desperdigar aquellas hojas susurrantes solo consiguió amontonarlas. Las ánimas inquietas de los cordobeses idos y de los amantes de la historia local, ansiosos de conservar su tradición, se han rebelado y se preparan para dar batalla desde este espacio virtual. Desde aquí volveremos a ser “por siempre cordobeses”.

Escrito para la presentación del nuevo sitio web www.nosotroscordobeses.com.ar dedicado a la historia de Córdoba que realizó Silvia Robles el 4 de julio de 2008. Fuerza Silvia !