5 de mayo de 2017

Entre pizzas y arte

Con ambas manos trato de despejar la niebla que la memoria me oculta de los primeros años '70. Eran tiempos de bohemia y el arte era mi obsesión. Después de varias caminatas deseando helados de Heladería Sopelsa descubrí el Museo Genaro Perez. Me sorprendió su estilo y su arquitectura apretada entre edificios, no dudé en entrar y recorrí sus escaleras crujientes buscando arte que coincidiera con mi búsqueda. No recuerdo si lo encontré. Desandando escalones con zapatos con plataforma volví a la primera calle de la Av. Gral. Paz. Atardecía y el almuerzo en el Comedor Universitario ya no daba saciedad. Casi un paso a la derecha estaba la Pizzería Roma, los vidrios templados no contenían el aroma de sus hornos. Su oferta era estrecha y con un entrepiso que contenía pocas mesas. Hurgué mis bolsillos buscando las últimas monedas y me decidí a una porción de muzarella a costa de volver caminando al altillo cerca del San Jerónimo. Con una servilleta desde la vereda disfruté su sabor contemplando los libros que Librería Morena ofrecía y no podría comprar.

16 de marzo de 2017

No es solo bruma

Debo a la conjunción de un mediodía con neblina caminando el Coniferal con rumbo al Comedor Universitario mi pasión por la lluvia.
Comencé el relato de este modo porque no puedo olvidar el inicio de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.
Era demasiado joven y vulnerable a la bohemia de fines de los '60. En aquel tiempo no dudaba en alternar poesía con esoterismo. Los estantes aún permanecen llenos de verdades y mentiras, y en rigor de verdad algunos libros quizás no los he leído y la intención inicial se ha dispersado.
Decía que cada mediodía de aquel tiempo universitario caminaba en la búsqueda de un almuerzo barato con algún compañero de departamento hacia la Ciudad Universitaria. Y lo lograba. Luego desandaba el largo trecho con la satisfacción de una comida caliente para dedicar la tarde al estudio y la preparación para el trabajo nocturno en ENTel.
La bruma y la llovizna sobre aquellos árboles no pude olvidarla tan facilmente como a algunos libros, me persigue y obliga a caminar cuando llueve. Amo la lluvia mansa y la neblina que me obliga a adivinar siluetas entre los árboles conocidos, quizás deseo ser parte de esa humedad que acaricia los bosques.

12 de noviembre de 2016

Sábado en casa

Es sábado, día de sacudir la tiranía de despertador y horarios. Son escasas las mañanas de tomar mate sin apresuramientos y prepararlo cuando se fue la noche. El ritual incluye un primer sorbo que le llevo a mi esposa aún en el lecho y se prolonga en la mesa con conversaciones domésticas. Luego llega el tiempo de cada uno y esta libertad me lleva al patio con el imprescindible sombrero que me protege del sol. Reviso la huerta, retiro las malezas y acomodo según he aprendido. Desde la casa se perciben rumores de puertas. La niña tiene otros tiempos y el mío es acotado, solo para apreciar la belleza y cocinar sus bocados preferidos.


8 de noviembre de 2016

Por los amigos de la infancia


Era solo una cuadra entre tantas de la Villa, llegué casi cumpliendo mis primeros tres años y pronto la mesa se llenó de niños con una taza de chocolate caliente y flores blancas en la modesta mesa con mantel blanco y biscochuelo con velitas. Según lo recuerdo no fue solo un cumpleaños sino un pacto de amistad, de casas con puertas abiertas y sin la solemnidad de pedir permiso. Eramos muchos niños en la calle Tucumán al 500 y teníamos mucho para disfrutar, un lote vacío que funcionaba como Club de fútbol, calles de tierra poco transitadas, algún perro ciruja que nos acompañaba y la inmensa camaradería que nos equiparaba a hermanos. Nos vimos crecer y caminamos juntos las calles que nos separaban hasta el viejo Colegio Nacional y las Hermanas Franciscanas. Fuimos los primeros invitados a la celebración de los quince años de nuestras vecinas y a su egreso del secundario. Antes fueron acotadas caminatas tomados de la mano hasta el Jardín de Infantes del Colegio Bianco. El tiempo universitario nos separó pero no logró el desarraigo. Muchos volvieron a la Villa y otros nos quedamos en la Capital, nunca nos olvidamos y tan pronto como fue posible nos buscamos.
Hoy a la distancia, y por noticia de una de aquellas niñas que compartieron mi primer cumpleaños en Villa María, recibo el golpe de la partida de una de ellas: Stella, mi inmediata vecina, tan solo nos separaba una pared que no era obstáculo para nuestra juventud ni luego para la distancia. Nunca me alejé de allí. Nunca olvidé aquellos amigos ni lo haré después de su ausencia.

3 de noviembre de 2016

Conclusiones

Cuando recuerdo el tiempo de la secundaria me veo como un "hippie" decadente debatiendo con mis compañeros durante horas acerca de la revolución que deseábamos imponer. Las niñas con minifaldas me sacaban brevemente de aquella rebeldía de pelos largos y gestos duros y dejaban aflorar los deseos sexuales reprimidos. Ninguno de aquellos anhelos se hizo realidad. Ahora, cuando me queda menos por vivir que lo vivido, recapacito y trazo una línea a la suma algebraica de la experiencia: no puedo dedicar tiempo a quienes no han crecido, a los mediocres,  los cultores del ego, los oportunistas o los envidiosos.
Quizás ahora soy como deseaba ser en mi juventud.

10 de octubre de 2016

Como somos hoy

Buscamos respuestas a preguntas que no pudimos responder en nuestra juventud. Cuando creímos tener las respuestas se nos escapó la juventud y la certeza casi no tiene valor. El tiempo que tratamos de mantener vivo ya no está, solo lo hemos vivido. Lo atesoramos en nuestra memoria y debemos dejarlo donde quedó. No somos los mismos, no podríamos volver a pasar los mismos momentos, no serían comparables. Somos otros. La foto me muestra con un brillo en la calva y tal vez en ese momento también sentía algún dolor, pero tambien era feliz por lo que tenía, y tengo, mis afectos y mi memoria. Asumo mi edad como una ofrenda, una oportunidad para nuevos desafíos y la posibilidad de trasladar mis vivencias a los que nos siguen.

12 de julio de 2016

Día completo

Hoy me desperté tarde, el reloj marcaba las 9:30 hs. Habían pasado cuatro horas del despertar habitual pero pronto recapacité: es sábado y el reloj caduca su dictadura hasta el lunes. Me calcé las ojotas y al llegar a la cocina, mi esposa tenía preparado el desayuno: mate amargo, pan criollo (croios) del día anterior calentados en el tostador y un dudoso salame de la colonia para acompañar. Antes que le deseara los buenos días me anticipó: "hacé rapido tus cosas en el baño que tengo unas milanesas y unas cervezas cargadas en La Mulata para ir al ranchito" Aún con sueño emprendimos el camino. Son solo 100 Km. que demandan dos horas de viaje por la congestión en La Cuesta del Aguila: conductores temerosos de las curvas, otros que disfrutan de la vista a 20 Km/H sin importarles que están en una ruta, camiones que humean en cada trepada y la policía que sin razones aparentes detienen el flujo de vehículos. Nada de aquello me perturba, escucho una radio AM y acaricio la rodilla de mi esposa. Finalmente abandonamos el pavimento y apago las luces bajas, me detengo un momento y creo escuchar que La Mulata me pide como mínimo 4H porque los próximos tres kilómetros son en descenso aunque no sin dificultad. Mi compañera consulta la hora y decide que ya podríamos abrir una cerveza "si aquí nadie nos va a controlar la alcoholemia" y el trayecto de sierra nos demandará veinte minutos. Le doy un intenso beso a la Quilmes y acaricio el acelerador. El camino es lento pero pleno de belleza. Al llegar a "el Ranchito" ya había pasado la hora del almuerzo, apresuramos los bocados de milanesa entre panes para iniciar una caminata en busca de nuevos rincones hasta que el atardecer nos devolvió a la realidad del invierno para obligarnos a buscar el cobijo cálido de nuestro hogar en las alturas. El cansancio y la libertad del fin de semana me hicieron sugerir: "y si nos quedamos hasta mañana?" Afirmativa fue la respuesta y aunque ya no quedaban milanesas la despensa está preparada para estas contingencias, mientras mi compañera inventaba un plato caliente al calor de la leña tomé esta foto con las luces difusas de Santa Rosa de Calamuchita. Día completo.